Lo que Elcano se atrevió a pedir al emperador Carlos I

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Corría el año del Señor de 1522 y el intrépido —también imprudente— héroe guipuzcoano se dirigía al rey para pedirle diversas mercedes como reconocimiento a su gesta. Aquella misiva —la única manuscrita que se conoce de Elcano— y otros siete documentos que reflejan la relación epistolar entre el emperador y su súbdito fueron hallados el año pasado por el director del Archivo Histórico de Euskadi, Borja Aguinagalde, en la casa-torre de Laurgain, en la localidad guipuzcoana de Aia, y se han dado a conocer recientemente. Carlos I devolvió la carta a su remitente con las respuestas a sus reclamaciones. (Leer más)

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En el corazón del AVE a La Meca: así son y se fabrican los talgo que volarán por el desierto

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La fábrica de Talgo en la localidad madrileña de Las Rozas es testigo de la producción de uno de los trenes más avanzados del mundo: los que soportarán las altas temperaturas, los bruscos cambios climáticos y demás inclemencias en el desierto saudí, los trenes del AVE La Meca-Medina. (Ir a la noticia)

El incendio que dio origen a la Plaza Mayor de Madrid tal y como la conocemos

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La noche del 16 de agosto de 1790 se incendió la plaza más emblemática de Madrid, desatando el pánico de todos los habitantes. El fuego se propagó con increíble celeridad. En cuestión de 3 horas, todo un lienzo de la plaza se derrumbó. La situación parecía imparable. Nueve días hicieron falta para extinguir las llamas y aunque asistieron más de mil hombres, las bombas, aguatochos y más de 750 cubos y espuertas, resultó imposible evitar que desapareciera un tercio de la famosa plaza.

A pesar de que no hubo ninguna muerte, el balance fue desolador; 1.302 personas vieron como sus casas desaparecían. Ante tal desgracia, Carlos IV puso a disposición de todos ellos un millón de reales de su real erario.

Juan de Villanueva se encargó de la reconstrucción, rebajando la altura del caserío que rodea la plaza de cinco a tres plantas y cerrando las esquinas, habilitando grandes arcadas para su acceso. Las obras de reconstrucción se prolongarían hasta 1854, continuándolas, tras la muerte de Villanueva, sus discípulos Antonio López Aguado y Custodio Moreno.