El incendio que dio origen a la Plaza Mayor de Madrid tal y como la conocemos

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La noche del 16 de agosto de 1790 se incendió la plaza más emblemática de Madrid, desatando el pánico de todos los habitantes. El fuego se propagó con increíble celeridad. En cuestión de 3 horas, todo un lienzo de la plaza se derrumbó. La situación parecía imparable. Nueve días hicieron falta para extinguir las llamas y aunque asistieron más de mil hombres, las bombas, aguatochos y más de 750 cubos y espuertas, resultó imposible evitar que desapareciera un tercio de la famosa plaza.

A pesar de que no hubo ninguna muerte, el balance fue desolador; 1.302 personas vieron como sus casas desaparecían. Ante tal desgracia, Carlos IV puso a disposición de todos ellos un millón de reales de su real erario.

Juan de Villanueva se encargó de la reconstrucción, rebajando la altura del caserío que rodea la plaza de cinco a tres plantas y cerrando las esquinas, habilitando grandes arcadas para su acceso. Las obras de reconstrucción se prolongarían hasta 1854, continuándolas, tras la muerte de Villanueva, sus discípulos Antonio López Aguado y Custodio Moreno.

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