La vida por una pepita de oro

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Como cada viernes a las 2.30 de la madrugada la bocina de un viejo bus despierta a los habitantes de Pelechuco, un pueblo quechua enclavado en las montañas del norte de Bolivia. Por las calles, casi desiertas el resto del día, desfilan hombres, mujeres y niños que cargan sus pertenencias más preciadas: lana de alpaca, pollos, menaje para la cocina, fruta. Los más afortunados guardan con celo algún gramo de oro, el responsable de que Pelechuco haya multiplicado por diez su población –5.000 habitantes– en los últimos 20 años. (Leer más)

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